Un Nashville Songwriter Round es uno de mis formatos favoritos: varios cantautores en fila, turnándose canción a canción, con las historias que hay detrás de cada una. Sin setlist fija, sin horario rígido: solo canciones y la historia real de por qué se escribieron. En Nashville se ve este formato por todas partes, desde el Bluebird Café hasta pequeños bares de East Nashville. El verano pasado pude llevar esa sensación a una sala neerlandesa, y fue tan especial como esperaba.
Lo que hace un songwriter round tan especial es la vulnerabilidad. No hay banda que llene el sonido: solo estás tú, tu guitarra y un público que escucha cada palabra. Tocar por turnos con otros cantautores, comentar las canciones de los demás, sumarte de vez en cuando: es exactamente el ambiente que quería traer de Nashville.
Las reacciones fueron abrumadoras. Después del concierto, la gente se quedó charlando sobre qué canción les había tocado más y por qué. Y por eso valoro tanto este formato: no se trata del espectáculo, sino de la historia.
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